El calor y la incertidumbre han
convivido en este verano. Pero como Armstrong ya no quiere luchar por su
inocencia, el ciclista claro, (fallece, es lo irónico de la vida, el astronauta),
nosotros hacemos un pequeño descanso también en nuestra lucha diaria. Una lucha
que para algunos en gran medida es psicológica y para otros es pura lucha vital
por la supervivencia. Pero el verano lo calma todo, o casi todo. Veremos lo que
nos espera a partir de ahora una vez que las armas, cargadas con nuevas balas
de indignación, resuenen en nuestras calles, bares y centros de trabajo (para
quien lo conserve).
Este verano, estas vacaciones,
han dado para sucesos, y algunos importantes, pero como si una tenue nieblilla
de ensueño y calor lo cubriera han pasado escasos en esencia, como si al
despertar el verano todo volviera a la realidad y muchos de esos sucesos no
hubiesen ocurrido.
Un aspecto característico de este
verano ha sido el insufrible calor, un calor que nos muestra como la naturaleza
se desquebraja día a día mientras nosotros nos enredamos en ciclones
especulativos que la mayoría de nosotros no entendemos, no porque seamos más
tontos sino porque nos falta información, la información esencial, la
información que mueve a los intereses económicos en su génesis. Y como nos pasa
factura, como somos los que pagamos el pato, como somos los daños colaterales,
como somos los que hacemos esfuerzos, pues solo nos queda el denostar la
política, en general, “¡la política nos ha llevado a esto!”, es lo que nos
hacen pensar. Al final todo se resume en datos económicos, decisiones
tecnócratas y de pura economía, nos hacen pensar que la economía es la ciencia
que pone todo en su sitio, y el análisis de esos datos económicos son los que
deben llevarnos a tomar las decisiones políticas más satisfactorias. Eso es lo
que nos dicen, el mensaje que desde los mercados nos llega. Pero, “¡si los
mercados somos todos!”, nos dicen. Mentira, los mercados son algunos, esos
precisamente que tienen la información, nosotros solo somos piececillas dentro
del tablero. Es la política las que nos
debe salvar, la destrucción de la política es la que nos ha llevado a esta
situación. Los intereses totalmente alejados de decisiones de carácter
puramente político e ideológico son los que nos han arrastrado a un abismo
desconocido. No olvidemos que esta situación la crean los sistemas financieros
corruptos, de todos los países, los sistemas puramente económicos que
secuestran el poder político para su beneficio. Y ahora nos dicen que es la
política la culpable, que lo que hay que hacer es lo que hay que hacer, es
lógica económica. ¡Qué disparate!
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