Llevamos meses. No, meses no, años oyendo una cantinela. La cantinela de que lo que salvará nuestra industria y nuestras empresas es la I+D+i, y por ende la competitividad y productividad que esto puede traer. Especialmente significativo es el apunte a la innovación. La investigación prácticamente no existe, ni parece que vaya a existir, salvo algún reducto remoto en alguna universidad perdida. Pero la innovación es el todo y la nada. Parece ser que innovar se puede innovar en todos los sectores, sea como sea la empresa de tamaño, y tenga los recursos que tenga. La innovación solo depende de que un empresario, o personal de su empresa, que busca nuevas vías para generar negocio, nuevas formas para realizar las cosas, nuevos procedimientos para incorporarse en el mercado...etc. Concedannos al menos que el término es por lo menos vago, porque dependiendo de la interpretación que se dé, más amplia o más restrictiva, nos estamos refiriendo casi a TODO o a casi NADA. Pues bien, para la implementar la innovación en las empresas también ha habido en ocasiones a lo largo de estos años fondos públicos, y dependiendo de la definición del término, muchos o pocos fondos públicos, en ocasiones todo, y en ocasiones nada, porque la vaguedad del término y la utilización de estos fondos en ocasiones han ido para el todo (visión amplia) o para nada (visión restrictiva). Lo malo es que esa asignación no ha sido siempre dependiente del nivel de innovación a implantar o a la noción de innovación que se tenía, sino más bien a otros criterios que aún hacen más arbitrarias las interpretaciones de cuando está bien y cuando está mal una inversión.
Sin embargo, la innovación más preocupante, la innovación que más daño hace, incluso por su silencio sibilino es la innovación financiera. Eso sí es un ejemplo de innovación con mayúsculas. Productos financieros nuevos, nuevas estrategias de trasladar el riesgo que finalmente no se sabe quien es el acreedor y quien es el deudor, pero sí tienen una cosa clara, el que paga es el cliente, sea empresa o particular. Además, son productos estos los de la innovación financiera que la competencia reproduce al instante en el mercado para no perder cota en el mismo. Cuando un producto de la industria manufacturera es innovador y sale al mercado los competidores tardan cierto tiempo a replicarlo, observan si en un primer momento el mercado funciona bien o incluso si tiene defectos o errores. En la innovación financiera no ocurre, se trasladan al mercado de forma inmediata impregnando todo el ámbito económico. ¿Qué ocurre cuando en un producto manufacturero tiene un defecto? se retiran del mercado las unidades defectuosas, y no tiene grandes consecuencias, en cualquier caso, están reguladas. ¿Pero si el defecto lo tiene un producto financiero? Tenemos que tener en cuenta que ese defecto sería un defecto de diseño. No se puede retirar del mercado sin consecuencias. Además lo han copiado sin testar el resto de entidades, porque si tardan un poco a sacarlo pierden cuota de mercado.Si el producto es defectuoso la consecuencia es CRISIS FINANCIERA, CRISIS ECONÓMICA, PARO, RECESIÓN.
Sin embargo no tenemos regulación eficaz que nos salve de la INNOVACIÓN, de la innovación financiera.
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