Vamos a poner el caso de que para
abrir nuestra empresa hicimos una inversión importante, y que para ello fuimos
al banco y solicitamos un crédito. El negocio no ha funcionado, los clientes
han dejado de acudir, ya no están interesados en el producto, y los gastos,
aunque los hemos reducido de una forma milagrosa siguen siendo superiores a los
ingresos. Además los ingresos, al no existir inversión en publicidad y en
mejoras, cada vez se ven más reducidos. Destinamos todo lo que tenemos a pagar
deudas y olvidamos como conseguir ingresos, y los ingresos van menguando y
menguando hasta que los gastos se han reducido tanto que es imposible reducirlos
más, al igual que los ingresos. En tal caso morimos de inanición. ¿Qué deberíamos
hacer? NUNCA DEDICAR TODOS NUESTROS INGRESOS AL PAGO
DE LAS DEUDAS, eso es un error. Naturalmente que el banco te va a decir que lo
que mejor puedes hacer es pagar las deudas, para así, tener buena imagen y si
te encuentras en dificultad se ofrecen a refinanciar la deuda a un interés
altísimo. Eso tiene como final la muerte de la empresa y la muerte de tu
patrimonio personal. Solo ganan los bancos en ese caso.
Necesitamos la confección de un
Plan de Empresa, y si la empresa no funciona hay que cerrar bien cerrado,
disolver la sociedad, instar concurso de acreedores si es el caso, o buscar la
solución que para cada caso sea la más correcta, pero siempre debemos priorizar
si tenemos la intención de continuar la actividad y no destinar todo al pago de
la deuda, es necesario dar de comer algo de inversión a la empresa con una
política de crecimiento, para conseguir ingresos. En parte esto se parece un
poco a la macro-política que estamos viendo en Europa últimamente. Tenemos que
tomar decisiones valientes pero no irreflexivas, hay que meditar pero no perder
el tiempo, y si algo no funciona pasar página y a lo siguiente.
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